Peter Gowan, La apuesta por la globalización. La geoeconomía y la geopolítica del imperialismo euro-estadounidense, Akal, Madrid, 2000

Estàndard


Habrá pasado mucho tiempo, en concreto dieciséis años, desde que Peter Gowan publicase The Global Gamble (“La apuesta de la globalización”), pero su interpretación del imperialismo americano y sus estrategias de dominación aún está por superar. En cierto sentido es irrelevante cuantos años hayan pasado porque en este libro se esconden algunas de las principales claves que explican la situación actual: una situación de globalización económica y política que lejos de parecerse a los ideales democráticos esconde una trama bien urdida. La metáfora es acertada. Efectivamente se trata de una partida en la que hacía falta apostar, y apostar fuerte, para dominar el juego y llevarse todo el dinero de la mesa. Qué consecuencias ha tenido esto en la erosión de los estados y, en consecuencia, sobre los propios ciudadanos es aquello que no deberíamos de olvidar nunca y que Gowan pretende explicar.
Resulta sumamente interesante lo que podemos aprender hoy en día de los movimientos políticos y económicos de finales del siglo XX. A partir de los años 70, con Nixon, empezó una revolución que dura hasta hoy: la globalización. Una estrategia, como señala Gowan, que tuvo como único objetivo conquistar el espacio mundial desde el punto de vista económico con las ayudas políticas que fueran necesarias.
Es esta estrategia de dominación la que Gowan analiza con la precisión de un cirujano. El libro se presenta dividido en dos partes: la geoeconomía del imperialismo euro-estadounidense y la geopolítica que le acompaña. Así vemos los orígenes del “régimen de Wall Street” para regir la economía mundial, cómo observamos los movimientos políticos que hicieron falta para garantizar la penetración de la economía americana en diversos lugares del mundo: sudeste asiático, Europa oriental, China.
Hoy sabemos que la apuesta, una apuesta que por un momento pareció haber salido bien, se basaba en una serie de faroles que a lo largo del tiempo se han mostrado insostenibles. Y lo que fue, desde 1970 hasta el colapso de 1998, un crecimiento imparable acabó en la burbuja más grande que ha conocido la economía mundial desde el crack de 1929 en 2007.¿O es la burbuja de las subprime un efecto más en la conquista de los países más vulnerables?
Las características que rigen el sistema son sencillas: hace falta agitar el mercado para que gobiernos y entidades privadas se pongan a trabajar. De lo que se trata es de crear la suficiente inestabilidad general como para que aquellos que puedan pisar más fuerte puedan a la larga beneficiarse de la erosión que genera un estrés constante.
Este fue el planteamiento, aunque el mundo tampoco se detuvo. Llegado el momento hubo que pactar con la recién constituida Unión Europea, que representó una amenaza al patrón dólar en los mercados, para seguir expandiendo los tentáculos financieros de América. Pero nada es insalvable, y menos para quien gobierna el mundo. Y para entender la estrategia americana solo hace falta atender a los movimientos geoeconómicos que la administración Obama está llevando a cabo en estos precisos momentos. Tratados como el TTIP y especialmente el TISA llegan después de una gran recesión con la voluntad de liberalizar aún más las relaciones comerciales atlánticas con la única finalidad que seguir alimentando el monstruo americano en su hegemonía global.
Así la define Gowan: la globalización es un mecanismo de colonización financiera. E igual que existe una división del trabajo dentro de los estados, deberá existir una división de capitales dentro de una economía mundial dependiente del régimen de Wall Street a partir del cual los Estados, en connivencia con el FMI, el BM y los demás organismos transnacionales, aseguren la creación de corredores fiscales entre estados inversores y beneficiarios, que al fin y al cabo son los mismos.
La metáfora sería la del circuito cerrado: uno de los polos afecta todo el sistema que se revuelve dándole la oportunidad de seguir avanzado recombinándose y transformado ese estado de cosas en flujos de recepción y escape de capitales provenientes del foco original. Abrir canales, eso es. Abrir canales y generar flujo, esa ha sido la política económica americana desde hace 40 años y Gowan nos muestra claramente cuáles han sido sus mecanismos y actores principales.
La deuda, por ejemplo. La deuda es un mecanismo que sirve para reorganizar las relaciones sociales internas de producción de un estado y favorecer así la entrada de capitales extranjeros. Brillante. El estancamiento al que están obligados los estados los coloca en una situación de partida de dependencia desigual respecto a los bancos centrales que, alineados con Wall Street, fuerzan el cumplimiento de un déficit que siempre va en aumento. Con la deuda llega la crisis, y con ella la inversión extranjera, resultado: liberación del flujo de capital americano respecto al país o la región. Ya lo hemos dicho antes, brillante. ¿Es la crisis de 2007 una puesta al límite del sistema para colapsar otras economías y penetrar en ellas como solución y no como intrusión? Nunca lo sabremos. Pero en cualquier caso vale la pena estar atentos.
Lo mismo con las transformaciones sociopolíticas que algo así ha provocado. La cultura de la globalización como ideología también ha conquistado el espacio mental de la ciudadanía. La persona se ha convertido en un sujeto pasivo, consumidor y únicamente receptor de imputs del mercado, substituyendo así cualquier idea de sociedad civil articulada, fuerte y con sus propios intereses. Y esto no ha sido casual. Hacía falta activar la diplomacia, el soft power que más tarde definirían tan bien Kohane y Nye, autores también citados en el libro, para que toda la masa intelectual se pusiera a producir artículos, libros y conferencias que fijaran el perímetro de seguridad que permite que aflore este tipo de sociedad consumista. Y así fue. Y aquí estamos.
A pesar de narrar el pasado, un pasado reciente, el libro de Gowan es sumamente importante por varios motivos. El primero, porque nos muestra la mentalidad americana más allá de posiciones demócratas o republicanas; el segundo, porque nos muestra claramente el nivel de decisión global: las instituciones, los estados, las multinacionales, gracias a lo cual comprendemos el tamaño de las intenciones. Gowan describe la geopolítica de la globalización como una manera de mantener vivos los intereses económicos. Y hasta da algunas recetas. Héroes del siglo XXI que pretendan dominar el mundo, he aquí una descripción detallada de las tácticas para hacerlo. Pero anden con cuidado, la historia ya sabemos cómo acaba.
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