William Irwin et al., Los Simpson y la filosofía, Blackie Books, 2010

Estàndard
Existen muchas maneras de hacer divulgación de la filosofía, pero parece que Blackie Books ha dado en el clavo. La idea, traducir uno de los volúmenes más celebrados de la colección Popular Culture and Philosophy, que la editorial Open Court viene publicando desde el año 2000. Muchos de los iconos pop más importantes de nuestros tiempos han pasado por la colección, de Woddy Allen a Radiohead, pasando por Los Soprano, Harry Potter y, cómo no, los Simpson, que ahora aparecen en castellano como segundo título de esta joven editorial. Todos ellos con un añadido, la filosofía, y un criterio muy claro: ofrecer artículos serios que hablen de cosas populares. La tensión entre planos del discurso es evidente pero, y quizás por ello, la curiosidad no para de crecer cada vez que te acercas a uno de esos títulos.

Entiendo que la reseña de un libro no debe ser excesivamente personal, que debe intentar dar la medida del libro, mostrar sus virtudes y, según el día, criticar sus debilidades. Entiendo que esto debe ser así porque la finalidad de una reseña no es otra que la de dar a conocer un libro que, lo necesite o no, pelea como todos en las librerías.

Sin embargo en este caso la situación es un poco diferente: el libro ya ha sido un éxito. Desconozco el número exacto que se ha hecho de ellos, pero mi ejemplar lleva la fecha de diciembre y habiéndose publicado en octubre cuenta ya como cuarta edición. Felicidades a sus responsables. Felicidades por las ventas, pero sobre todo por el diseño y la edición de un volumen que se compra con los ojos, pero también con las manos y si me apuran yo diría que hasta con la nariz.

Pero hablemos del libro. William Irvin, Mark T. Conard y Aeon J. Skoble son los responsables de la selección de artículos que componen Los Simpson y la filosofía y como dicen ellos mismos: “este libro no busca reducir la filosofía a un mínimo común denominador: no nos hemos propuesto bajar el listón para que lo entiendan los tontos. Al contrario, esperamos conseguir que nuestros lectores no especializados lean más filosofía”. Que mejor que la sátira simpsoniana para que expertos y curiosos se acerquen a probar las mieles de esta antigua forma de pensamiento No nadie como Homer para entender que la virtud aristotélica puede ser contemporánea o los silencios de Maggie para captar la potencia de la sabiduría oriental. Pocos se atreverían a retar a Lisa en medio de una clase, pero cualquiera puede insultarla en los pasillos porque el intelectualismo en América no es algo del que la gente se sienta orgulloso. O Bart, o mejor dicho: el pequeño Nietzsche, ¿quien más preciso para mostrarnos las bondades del mal que ese díscolo preadolescente que no se separa de su monopatín?

Dividido en cuatro partes, en primer lugar el libro disecciona cada personaje comparando sus actitudes y muecas principales con algún importante personaje de la historia de la filosofía: así Homer es comparado con Aristóteles, Marge con Kant, Maggie con Confucio o Bart, como decimos, con el filósofo de Röcken. En la segunda parte los protagonistas dejan paso a los temas típicos de una serie que lleva varias décadas triunfando en televisión y que ha conseguido que grandes y mayores se pongan de acuerdo para ver el mismo contenido televisivo juntos y, esto es lo más importante, todos salgan contentos por razones bien distintas. La ironía, el sexo, la parodia, las alusiones, son aquí tratados utilizando los capítulos de la serie como si de libros clásicos se tratara: sucede así con el capítulo dedicado a los gánsteres y con los fragmentos tomados de aquí y de allá que explican las sinergias que se producen entre los habitantes de Springlfield.

Y es que Los Simpson, como se dice en muchas ocasiones en el libro, tiene múltiples lecturas, la de cuando tienes 3 años, la de cuando tienes 10, la de cuando tienes 16, 18, 30, la de los 40 y también la de los 60 y los 70. Capas y capas de referencias ocultas esperando a ser descubiertas gracias al bagaje cultural, las experiencias o los prejuicios de cada uno.

La tercera parte se titula No he sido yo: La ética y Los Simpson. Hoy en día que todo el mundo habla de ética de los negocios, de los medios de comunicación, de la ética de la medicina o de la tecnología, aquí han llegado los pequeños amarillos para mostrarnos qué es y qué no es la virtud moral, la autonomía de la razón o la importancia de la tradición para explicar el presente. Se habla de Flanders y su ingenuo amor por los demás y del malvado señor Burns, cuyo pacto con el diablo es recordado de una forma magistral.

Para acabar Barthes, Marx y Heidegger completan la parte dedicada a Los Simpson y los filósofos, última zona, quizás un poco más densa y difícil por los autores tratados, que borda con frescura un tomo dedicado a la risa y a la seriedad, a lo bueno y a lo malo, a lo divino y a lo humano, a la vida misma y a la manera en que ésta toma como modelo a una serie de dibujos animados. La lista entera de capítulos culmina un volumen lleno de desparpajo bien trabado.
Gran elección la de Blackie Books. Ahora solo cabe esperar que algún día Matt Groening decida acabar con la serie y sus enormes personajes. Entonces, libro en mano, los amantes simpsonianos unirán sus corazones, como ya se hiciera por el mítico Holmes, y lucharan por resucitar a estos virus de colores del pensamiento occidental contemporáneo. Y es que la filosofía no puede ser considerada una cosa del pasado, cuando todo el mundo elogia una serie como los Simpson.
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